Hi-Fi
y Hi-End
Comparativa: CD vs. MP3
Diego Chiacchio (info.audiohiend@gmail.com)
El
debate sobre los distintos formatos de grabación/reproducción
musical es un asunto recurrente en el mundo de la Alta Fidelidad.
Ya sea en los ámbitos aficionado y profesional, como en
las revistas del sector, cada tanto aparecen defensores,
o detractores, de algún formato en particular.
Por ejemplo, los adictos al vinilo forman un grupo relevante
en el sector audiófilo y es habitual escucharlos argumentar
que el agrado con el que escuchan sus LP's no lo proporciona
de ninguna manera la misma música presentada en formato
digital. Otro grupo importante lo componen los amantes de
la cinta analógica, especialmente como medio de grabación.
Nunca dejan de recordarnos que, bien cuidados, los soportes
magnéticos y los aparatos, tanto de grabación como de reproducción,
pueden proporcionar un sonido de calidad superior a la que
comunmente se reconoce.
Y luego interviene la industria electrónica promocionando
los formatos digitales de alta definición: el SA-CD
y el DVD-Audio. Ambos sistemas en guerra entre si y en lucha
desigual frente al rey de los formatos: el CD-Audio y sus
dos pistas PCM/44100 Hz/16 bits. El CD suele ser el formato
abandonado a su suerte en los debates audiófilos, sin grupo
especial que lo apadrine; aunque es lógico que esto sea
así, ya que realmente su papel dominante en el mercado discográfico
le permite defenderse por sí solo.
Por último, queda el grupo de los formatos "comprimidos"
(con o sin pérdidas de información): toda la plétora
de codecs digitales abanderados por el nuevo soberano del
almacenamiento de música grabada, el MP3. Realmente, cuando
se debate sobre la calidad sonora de estos formatos, pasamos
a un mundo diferente del de los anteriores: su flexibilidad,
su calidad "a la carta", la disponibilidad de
codificadores/decodificadores, son los criterios dominantes
a la hora de decantarse por ellos. Pero estos son aspectos
ajenos al mundo de los demás formatos.
En los debates en defensa del formato favorito de cada uno
suelen aparecer dos tipos de argumentaciones:
- La subjetiva: "Me suena mejor", "me gusta más". Indiscutible.
Básicamente este tipo de ideas permite la reafirmación grupal.
- La de los fundamentos teóricos del formato: "Mayor margén
dinámico", "mayor rango de frecuencias". Estos comentarios
suelen aparecer en los debates y dan lugar a espectaculares
tratados matemáticos sobre filtrados digitales, teoremas
de Shannon y criterios de Nyquist.
El meollo del problema
¿Tiene sentido comparar CD vs. MP3? Si y no. A pesar
de tener el mismo objetivo (la grabación y reproducción
musical) son formatos con aplicaciones muy diferentes. Además,
tengamos en cuenta que la calidad final no sólo depende
del formato utilizado, sino también del equipo de
audio, los altavoces, la forma y mobiliario de una sala,
y el entorno. Entonces, acertar en su elección depende,
en primer lugar, de qué es lo que se busque. MP3 posee una
calidad aceptable para que una persona pueda acompañar un
viaje en tren o una cena entre amigos con algo de música.
EL CD, en cambio, es un concepto completamente distinto
para aquellos que piensan en el disfrute de la música en
sí.
Muchos han pronosticado la muerte de la Alta Fidelidad argumentando
que la compresión de MP3 ha provocado la pérdida
de la emoción musical y se preguntan porqué en la
era de los mayores avances tecnológicos la calidad sonora
empeoró como nunca. Es cierto que los formatos de compresión
han degradado la calidad musical pero, además de
una cuestión de mercado, se sabe que la mayoría
de los audiófilos no son expertos en sonido, ni ingenieros,
ni fanáticos del Hi-End. Por más éxito
y expansión que tenga MP3, siempre habrán
puristas dedicados a escuchar sólo en vinilo o en
cinta y con equipos valvulares.
Antes de ir al grano, repasemos algo de historia. Cuando
apareció el CD de la mano de Philips en 1982 se trataba,
ciertamente, de un formato con muchos inconvenientes y su
calidad inicial era muy pobre. Los avances y mejoras introducidas
al formato gracias al desarrollo tecnológico fueron
claves para que el CD se convierta en el rey del audio digital.
Algo similar sucedió con el MiniDisc de Sony, lanzado
en 1992, que tenía una pésima calidad de sonido
en sus comienzos y, gracias al encomiable trabajo realizado,
lograron mejorar tanto el algoritmo de compresión
(llamado ATRAC) que el MD fue considerado como un formato
de Alta Fidelidad. Con la llegada de la versión 4.5
de ATRAC, las copias realizadas desde discos compactos ofrecieron
una calidad casi clónica de sus originales, con amplitud
y naturalidad en altas frecuencias. Esto significó,
ni más ni menos, la evolución de la tecnología
de audio y representó un gran avance para el MiniDisc.
Bueno, lo mismo está sucediendo con MP3.
Tests de calidad: CD Audio vs.
MP3
Sam Lin, un ingeniero de sonido, realizó en 2006
una
serie de pruebas de calidad (quality tests) para determinar
si un MP3 realmente puede sonar tan bien como un CD.
En la entrada del blog D-audio dedicada a MP3 vimos que
este formato alcanza la "transparencia" a 192
kbps. Bien, Sam utilizó ese umbral como referencia,
ya que por debajo de los 192 kbps el sonido de un MP3 suena
demasiado degradado. Primero ripeó dos piezas musicales
bien dispares: el concierto nº 3 de Rachmaninov, por
su gran rango dinámico, y el tema "Sweet Thing" de
Mary J. Blige que, por su percusión con platillos, le permitió
hacer pruebas respuesta en frecuencia y distorsión.
Para el proceso de codificación utilizó el
software EAC
(Exact Audio Copy), extrajo las pistas en tres bitrates
diferentes (192, 256 y 320 kbps) y las copió en un
CD-R. Sam ya sabía que la manera en que cada software
codifica la información afecta a la calidad final
del archivo y, desde luego, suena diferente.
Finalmente, usando el programa Cool Edit realizó
varios análisis de frecuencias utilizando ruido rosa
(pink noise). Los resultados obtenidos al analizar el pop
de "Sweet Thing" le parecieron más interesantes,
donde encontró que en todos los bitrates MP3 mostraba
vacíos causados por las frecuencias desechadas por
el "modelo psicoacústico" en el proceso de codificación.
Luego procedió a realizar pruebas subjetivas de escucha
en su equipo de Alta Fidelidad, y encontró que a
192 kbps se percibe una marcada diferencia de calidad respecto
del CD. Sin embargo, no pudo encontrar diferencias a 256
y 320 kbps. De hecho, entre un tema ripeado a 256 kbps y
otro a 320 kbps no existen diferencias audibles.
Como sabemos, el límite superior de nuestra capacidad
de percibir frecuencias altas es de 20 kHz. Sin embargo,
en el caso de las fuentes sonoras que emiten frecuencias
por encima de los 20 kHz, la existencia de dichas frecuencias
ultrasónicas y su interacción con las frecuencias
de intermodulación que están dentro del rango
audible tienen consecuencias en el sonido final que se percibe,
como bien afirma el ingeniero Andrés Mayo en su
artículo "Hay vida después de los 20
kHz". Todo esto justifica la elección del
CD como fuente sonora de calidad frente a MP3, ya que las
diferencias, aunque sutiles, las podemos percibir.
Volviendo a las pruebas de Sam Lin, MP3 de 192 kbps es ideal
para escuchar en la computadora o en el equipo del coche,
dos sistemas con una distorsión importante y una
mala respuesta de frecuencias. Para el hogar, en cambio,
se recomienda el CD o bien MP3 codificado a 256 o 320 kbps,
ya que la diferencia de calidad de audio entre el CD original
y un MP3 a 256 kbps no es significativa.
Conclusiones
En definitiva, cada uno elegirá el formato de su
preferencia en base a sus necesidades, posibilidades y objetivos.
Es innegable que el CD suena mejor que MP3, pero hoy en
día la calidad de audio de un MP3 puede ser aceptable
y hasta más que suficiente para el usuario promedio.
Por ahora el mercado de la reproducción de audio
sigue siendo dominado por el CD, y es lo que encontramos
cuando vamos a una tienda de música. Posiblemente
en MP3 las canciones suenen arruinadas o apenas empobrecidas,
y muchos de nosotros nos sentimos incómodos por los cambios
que imprimió este formato de compresión digital.
Pero ese es el modo en el que la música sobrevivirá: como
una lámina de ilustración en un libro de arte, mientras
los originales se guardarán en un museo por aquellos que
aún conservan sus reproductores de CD y bandejas giradiscos.
Ah, y no se preocupen, los puristas del sonido seguirán
existiendo.
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